martes, 20 de agosto de 2013

Principales Orientaciones...


Debido a la próxima apertura del curso Orientaciones Contemporáneas del Teatro y la Educación que se llevará a cabo bajo la dirección del maestro E. Ráez, y la coordinación de quien escribe; coloco aquí un esbozo de los contenidos a desarrollar, algunos de los cuales me permití traducir, y otros sintetizar a fin de acercarlos un poco a lo que se nos viene.

Se abordarán propuestas pedagógicas contemporáneas como las de
   I.     Augusto Boal (Brasil)
II.     Gisele Barret (Canadá)
III.     Dorothy Heatcothe (Inglaterra)
IV.     Gavin Bolton (Inglaterra)
 V.     María Van Bakelen (Holanda)
VI.     John O´Toole (Australia)
VII.     María Signorelli (Italia)
VIII.     Ernesto Ráez Mendiola (Perú)

Quienes proponen diversas formas de definir y aplicar la expresión dramática, según su experiencia artística y pedagógica.

“(Es importante) Favorecer las acentuaciones circunstanciales con el fin de preservar la pluralidad de las concepciones del interior mismo de la exdra (expresión dramática); desarrollar la didáctica y la formación de maestros; promover la investigación, en particular la investigación-acción, la investigación aplicada y la investigación cualitativa: animar nuevos equipos y asegurar el relevo formando fuentes humanas; mantener y desarrollar los encuentros internacionales; en fin, abrir las perspectivas de superación hacia lo imprevisible y lo inesperado.”
(Gisele Barret. “Pedagogía de la Situación en Expresión Dramática”)

“El espacio de la enseñanza del teatro en la sociedad se reconoce por la formación de sus profesores. Se propone la integración de las artes como propósito en el currículo educativo del sistema escolar.”
(María P. Van Bakelen. “Chouchouter la Facture”)

En la televisión y en el teatro, el drama es la cara pública, pues constantemente se escribe y rehace esto en el presente. Pero el drama es la cara privada de todos (…) Cuando un niño juegan a la mamá y el papá, o piratas y dragones, ellos están aprendiendo sobre poder y responsabilidad, amor y odio.”
(Jhon O´Toole. “Dramawise, An Introduction to Gcse Drama”)

En buena cuenta, de lo que se trata es que los educandos practiquen directamente el teatro y que lo aprecien. Vale decir, que tengan la experiencia de ser actores y espectadores.” (E. Ráez. “Manual de Teatro y Educación”)

Para los interesados, la ficha de inscripción se halla publicada también en el siguiente enlace: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10201306867889335&set=a.4527147532386.2178856.1101857632&type=1&theater







sábado, 17 de septiembre de 2011

SEMIOLOGÍA E INTERPRETACIÓN EN LA DRAMATURGIA: OBSERVACIONES DE UNA CIEGA


“Nadie ha llegado a ser escritor estudiando la lingüística; pero los grandes escritores estudian los problemas de la lengua que utilizan.”
Umberto Eco


Semiología.- estudio de los signos

Semiótica.- (DRAE: 1899) parte de la medicina que trata de los signos de las enfermedades desde el punto de vista del diagnóstico y del pronóstico.


Unos días atrás, mi pareja sugirió salir a cenar por ahí, luego de sus clases. El ensayo que tenía yo programado para la tarde fue frustrado por la basta ausencia de sus integrantes;  y sin más,  debí esperarlo. Estando aburrida, empecé a  rebuscar en la biblioteca. Así, esa tarde decidí leer sobre un tema que no revisaba hace mucho, decidí abordar la semiótica teatral. Esa noche, luego de cenar, empecé a rebuscar algunos otros textos, ampliándoseme el panorama del tema que hoy comparto brevemente.

Empecemos. La pregunta en el aire sería ¿qué tiene que ver, según el concepto propuesto al principio, la semiótica con la medicina?

Señores, si les interesa la semiótica, debe interesarles el signo ofrecido y remarcado en negrita, porque como diría algún jovencito faltando a toda lógica idiomática: no es por las huevas.

Fue sino en 1984 cuando la Real Academia Española añadió una segunda acepción a SEMIOLOGÍA, reportando tímidamente: (…) //estudio de los signos de la vida social.

Pero en 1989, el Diccionario Manual, el cual circula libremente por manos de academicistas de la lengua, incluso con mayor aceptación que el DRAE, se animaba a emplear como único concepto de semiología: estudio de los signos dentro de la vida social, acepción que se conserva hasta hoy, afectando obviamente la concepción primigenia de semiótica.

¿Por qué evoluciona un concepto? Por el uso y desuso, eso es claro. Pero es también triste para quienes sentimos agrado por el estudio del idioma, cuando se pierde la esencia de los vocablos justamente por esas evoluciones.

Retirándome el luto, es en este fenómeno, nacido como materia de investigación en época contemporánea aunque con raíces arcaicas referentes al sentido, en que se encuentra inmerso todo agente de la comunicación, incluyendo al dramaturgo-actor (emisor-canal y emisor al mismo tiempo), y al lector- espectador (receptor).

Dentro de este proceso de retroalimentación se genera además un constante debate sobre el carácter de la interpretación y la sobre interpretación.

Para que exista semiótica deben existir signos, y para que éstos cobren existencia debe haber alguien que los decodifique, es decir, los interprete. Este razonamiento parece lógico y hasta absurdo por la simplicidad que aparenta revelar, pero implica una basta teoría al derredor. Empecemos por lo más simple.

Interpretación es un término polisémico que prefiero tomar en este caso como sinónimo de traducir o deducir el hecho en cuestión a partir de leyes, usando apropiados datos contextuales (Bernardi: 1994).  Tómese en cuenta que no todo dato es tangible. Un enfoque pragmático permitiría establecer experiencias sensoriales generadoras de  conceptos propios en cada individuo.

Sontag tituló un artículo suyo En contra de la interpretación (1964) en el cual manifestaba que la interpretación es una hipertrofia del intelecto en contra de la capacidad sensorial. Según dicho concepto, al acoger la definición de interpretación como un proceso de traducción mediante el cual se busca comprender la intención equivalente de una materia, es necesario no descuidar la posibilidad que, en la medida que se excava se puede destruir la esencia del texto.

Para la investigadora (Sontag), si al interpretar únicamente nos centramos en descomponer los elementos de una obra  artística, perdemos el valor de su composición, que es quien la hace y da valor de arte. En conclusión, interpretar es comprender la intención equivalente, y ésta sin embargo no existe puesto que toda persona no debe limitar el goce de sentir la función y trascendencia del arte. Incita a regular la excesiva atención del contenido con el fin de permitir que la descripción formule un análisis de la forma, y no del significado. La transparencia, afirma, facilita la realidad de la obra, el sentir.

La trascendencia de una pieza dramática escrita implica la pericia con que el dramaturgo conjuga una serie de elementos de  composición: forma y contenido. Aunque una obra es su contenido, o no es arte (Sontag: 1964).

Entonces ¿Es necesario o no el manejo de la semiótica para el dramaturgo? Y si la emplea ¿Será acaso el culpable de atrofiar la capacidad sensorial del lector por solicitarle descubrir una serie de significados?

Para traslucir un dato dentro de un diálogo hace falta astucia. Alguna vez oí decir que consiste en permitirle al lector olvidar que hay alguien que pensó antes, conducir sus emociones y pensamientos.

Existen incluso quienes como J. Culler (ECO: 1997) consideran la sobreinterpretación como una forma de desarrollo del intelecto, por permitir la exploración de mundos imaginarios; que si bien se escapa de los asuntos necesarios de un análisis coherente, no resultaría tan absurdo para las actividades de disfrute de todo lector de literatura.

La siguiente frase de Umberto Eco me proyecta una luz conciliadora entre ambos conceptos que encabezan el título de este escrito:

<< La contribución de la semiótica al teatro es mínima: este último descubre por sí mismo sus propios principios gracias a una inventividad natural y espontánea (...)  Pero lo que a mí respecta, creo que al igual que la espontaneidad inventiva alimenta la reflexión científica, también la reflexión científica puede dar mayor fuerza a la invención. >>




ARCHIVO DE LA AUTORA// CREADO: el 20/JUN/2011


Julia Grecia Monge

sábado, 4 de junio de 2011

"NO SOY NEUTRAL"- HABLA ERNESTO RÁEZ MENDIOLA, HOMBRE DE TEATRO PERUANO

HOY VEO NECESARIO COMPARTIR EN ESTE ESPACIO UNA OPINIÓN PRESTADA DE PALABRAS. HOY, CON LAS HORAS CONTADAS A LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES 2011 QUIERO, BAJO LA AUTORIZACIÓN DE MI MAESTRO RÁEZ, DIFUNDIR UN ESCRITO DE SU AUTORÍA QUE INVITA A LA REFLEXIÓN.
 Julia
Grecia Monge

 

  
"Hay momentos en la vida en que la neutralidad puede convertirse en una actitud culpable. Circunstancias que obligan a decidir por una opción sin atenuantes para eludirla. Son momentos graves en que debemos pesar nuestras decisiones con la más profunda convicción de que hemos eliminado el egoísmo, el miedo, la renuencia, en que más que nunca debemos anular todo resquicio de egolatría para pensar como un colectivo, como un ser nosístico, como un ser solidario.
No nos preparan para estos momentos en la sociedad individualista, no tratan de esto los libros de superación personal, no habla de esto el liderazgo, porque todas las recetas y fórmulas de éxito que han proliferado pueden reducirse a una sola consigna: potencializa tus energías y empuja con ellas sin pensar en los demás. Parece una buena opción, pero encierra la posibilidad del miedo cuando “mis fuerzas” fallan, cuando siento que si me quitan mis seguridades personales, mi “vida de éxito” se derrumbará. Y eso me hace débil, a pesar de la fuerza aparente que me da el bienestar personal que haya podido conseguir.
Los psicólogos y estudiosos de la personalidad que asesoran a los candidatos en épocas de elecciones tratan de identificar estas debilidades en los electores para erigir a partir de ellas las posibilidades de triunfo de sus asesorados. Son muchos los intereses que están en juego y copiosas las ganancias que se obtendrán de acceder al poder, así que éste más que el servicio a la nación y a su crecimiento, se convierte en el bastión que hay que defender cuando se le detenta o que hay que propiciar lo ocupe el que más conviene a nuestros intereses. Es entonces que la numerosa masa ciudadana que vive en los sectores llamados populares es requerida porque aportará el invaluable voto que asegurará la continuidad “legal” en el poder de los poderosos -no por casualidad así llamados sino porque ha mucho que detentan el poder para su beneficio.
Ante esta dicotomía no caben neutralidades: se está con uno u otro. No hay razón objetiva que me lleve a votar en blanco porque no creo en nadie. No obstante lo evidente de los extremos (mayoritario y empobrecido uno y enriquecido y minoritario el otro) no se dividen bruscamente, encierran un sector llamado clase media que fluctúa su pobre-riqueza o su rica-pobreza sin llegar a identificarse con estos extremos que lo limitan. Y como es propio del deseo de bienestar, esta clase media pugna por acercarse a los estratos opulentos aunque sea para recoger las migajas de su banquete, servirles de mayordomos, gozar de sus prebendas, alejar sus narices del olor detestable de la pobreza, a la  que sin embargo deberá recurrir en época de elecciones porque su voto es el que finalmente decidirá.
La cuestión en realidad debería ser de fácil solución si las mayorías fueran un bloque, pero una de las estrategias nefandas de los poderosos es la de mantenerlos divididos o corromperlos con el partidarismo o la limosna, con el pequeño poder o la demagogia. Hasta han llegado a crear guetos en los que mantienen dentro de cierto mínimo bienestar a sus futuros electores en una versión actualizada del pan y circo romano, traducidos en óbolos de “víveres” y contratación de artistas o deportistas desclasados. Y es a esta altura en que los que elegimos el arte como medio de lucha por la supervivencia, que de todas las artes optamos por el teatro, debemos decidir para qué hacemos teatro. Porque los motivos pueden ser personales, íntimos, propios, pero no se puede decir lo mismo de la pregunta para qué hacemos teatro, porque los fines de las profesiones siempre son sociales. Hay un comportamiento ético en toda profesión que obliga a ponerla al servicio de la sociedad. Claro, ya hemos dicho que esta sociedad está sectorizada, estratificada, dividida y como tal tendremos que elegir entre sus extremos o colocarnos en la cómoda, neutral y fluctuante posición intermedia porque “aquí sólo se viene a hablar de teatro, pero no de política” y pronto dirán “aquí se viene a hablar de teatro pero no de la vida”. Y hablarán del teatro, el arte de la participación y del compromiso absoluto con los problemas sociales y existenciales del los seres humanos, como de un lugar deodorizado, pasteurizado, ajeno al dolor humano, desarraigado, indiferente.
Amigos míos, estos son días en que la neutralidad es cobardía. Dicen los psicólogos asesores que la clase media peruana es timorata y acomodaticia y que basta asustarla porque prefiere la corrupción siempre y cuando no se toquen sus intereses. Siempre sentí que la gente de teatro no era así.
Una mafia está pronta a ocupar el poder en el Perú y ha convencido a muchos de que no volverá a ser igual. No es posible entonces quedarse callado, neutral. Los viejos deberemos salir del casillero mental de nuestras ventajas (que nos hace avaros para conservarlas), los adultos plenos deberán analizar dónde están ubicados verdaderamente (sin falsas ilusiones arribistas), los jóvenes debieran simplemente ser jóvenes y se agruparán donde sus ideales los coloquen, pero, ay, también se han encargado de atemorizar y deformar a la juventud con falsas alarmas, con miedos infundados. Nunca fueron más desinformantes y deformantes que en este momento de nuestra historia los medios de comunicación. Eso es lo que nos hace un país sin memoria, porque vivimos satanizando las Comisiones de la Verdad, porque tenemos un sector de periodistas venales que decidieron servir -y servilmente-  a las ambiciones de los propietarios de los medios para los cuales trabajan. Judas conscientes que venden la libertad del pueblo por treinta dineros. Ellos azuzan el temor y la ambición de los timoratos y acomodaticios y desconciertan a los jóvenes a través de sus familias atemorizadas y desde su silencio culpable de la verdad. Tal vez se recuerde en tiempos mejores este momento como el más infame de nuestra historia porque nunca tantos se juntaron para propiciar el triunfo de la ignominia y la corrupción.
Recuerdo que alguna vez vi la misma sonrisa de Keiko Fujimori en su padre el delincuente Alberto Fujimori. Cómplice de sus fechorías, dejó que enloquecieran a su madre y prefirió la vida muelle de palacio y una educación foránea pagada con dinero robado a las arcas del país. Mucho se ha hablado de ella en estos días en que lucha por tener las llaves de las celdas de sus cómplices para liberarlos. Los cadáveres de los mártires de la Cantuta, de los Barrios Altos, que no se nombran ya, me dicen que no puedo ser neutral y porque no lo soy, les escribo esta carta como hombre de teatro que respeta su profesión y la ejerce con todo su conciencia política por la dignidad de los peruanos."


Fraternalmente
Ernesto Ráez Mendiola
Hombre de teatro peruano

viernes, 18 de marzo de 2011

CONFESIONES III: EL RECUERDO DE UN ORGASMO PUBERAL

Algunos podrán juzgar la estrategia que he empleado últimamente para llamar la atención de lectores talvez menos interesado directamente con la dramaturgia o el teatro, pero qué le vamos a hacer, al parecer estuve aprendiendo algo gracias a la prensa amarillista.

Y hablando de amigos, hace poco uno me hizo una pregunta que me dejó pensando en cuan demostrativa puedo ser o no. Estuvimos hablando de su dedicación a la poesía, y preguntó si había yo escrito algo de ello. Luego de tanta presión terminé aceptando el vínculo con el asunto, aunque este fuese para mí sólo una exploración puberal. Me pidió le permita revisar alguno, a lo mejor el más agradable a mi gusto, pero me rehusé. Y entonces vino la pregunta
¿O sientes pudor?

Fue en ese momento, mientras respondía que no, cuando una vocecita arremetió contra mí, para andar creciendo poco a poco en mis momentos de escritura.

Pudor.- (Del Latín pudor, - oirs)  Honestidad, modestia, recato.

El diccionario de la RAE lo define así en su vigésima segunda edición, pero yo prefiero la acepción de 1791, la cual define este concepto como vergüenza honesta. Me suena más poético.
Ocurre que antes eran eso las palabras, arte  expresiva, decodificación de emociones y sentimientos entre seres humanos, y no un elemento dividido por sectores socioeconómicos o educativos precisamente, lleno de creadores contemporáneos sin el menor respeto al lenguaje. Pero este tema tan complejo lo desarrollaré en la próxima CONFESIÓN: la importancia del buen manejo del sistema de comunicación verbal para el dramaturgo, y por qué no de todo quien se manifieste en idioma castellano.

Regresando al meollo de esta confesión, cuando presentí efectivamente mi vergüenza honesta ante los versos escritos durante mi época de colegio, me asaltó la interrogante de qué tanto lo soy con mi trabajo actual.

Un actor enfrenta continuamente al público, y aunque éste no siempre se disponga a juzgarlo, el artista debe dar lo mejor de sí. La metacognición viene luego de los aplausos.

Queramos o no, todos los que hemos pisado un escenario nos hemos preguntado en algún momento si no nos faltó más entrenamiento actoral, más ensayos, concentración,… o si realmente servimos para ello.

Cuando he tenido oportunidad de representar monólogos de mi autoría me he sentido más expuesta a cuando he debido trabajar personajes de otros autores.  Creo, el límite se halla al notar mi desnudez como dramaturga y actriz, es decir, mi vergüenza honesta radica en la preocupación de causar doble efecto en el receptor.

Cito el asunto de los monólogos por ser trabajos de procesos individuales y altamente subjetivos dentro de la literatura, al igual que la poesía. Sin embargo no excluyo otras actividades.

Por ejemplo, solía sucederme cuando recién me atrevía a escribir teatro y terminaba una obra o algún ejercicio. Me decía cosas como:
Falta pulir/ es sólo un ejercicio/, es sólo un bosquejo/ un borrador…y lo mismo si se lo enseñaba a alguien.

Pudor... si pues, todos tenemos un poco. A veces creo que ese poco también se logra confundir con la escasa confianza en la efectividad o nivel de nuestro trabajo.

Hoy, aun contando escasos años desde que me decidí a escribir de manera aficionada y autodidacta al principio, me doy cuenta de mi curioso afán por ser leída. Siento mi vergüenza honesta de dramaturga impúdica, pero no así la de la actriz difusora. Percibo a esta última algo floja.

La confianza en el artista se consigue con la práctica del conocimiento, con el ejercicio diario; y para ello debemos ser minuciosos, humildes y sinceros al momento de la reflexión personal. En el proceso puede ya no importar el error, sino las ansias por la crítica del otro para el afinamiento.

Me pregunté entonces si para hacer poesía sólo bastaba con sensibilidad y espontaneidad como habría de decirme este amigo al intentar persuadirme de mostrarle mis pasajeros versos. Y la respuesta fue obvia: no, definitivamente no basta. Simplemente porque toda arte es composición y deviene de un proceso de maduración del escribiente. Mi querido maestro Ráez habría acuñado además que la poesía para la mayoría de jóvenes es como un orgasmo, un mero placer fugas. Para ser poeta hay que aprender a convivir con el oficio, como en toda pasión compleja.

Respeto mucho la buena poesía, y la que no también porque sencillamente pueda que esté en buen camino, al fin y al cabo el concepto personal de estética parece ser tan relativo…

Todos tenemos la oportunidad de valernos de las distintas artes para liberar una suerte de sensaciones, pero eso NO nos hace artistas. Talvez por ello considere esos versos míos muy ligeros, y los guarde mas bien como un disfrute personal, total los orgasmos no necesariamente deben ser compartidos con todo el mundo.

A propósito de mi lado subjetivo, los dejo con un pedacito de lo escrito hace varios meses en un trance de espontaneidad, lo encontré en un archivo minutos antes de animarme a escribir esta entrada:


“NO ENCUENTRO MOTIVACION MÁS SALUDABLE Y SATISFACTORIA AL MISMO TIEMPO PARA EXPLORAR OTROS CAMPOS, PERMITIRME ACTITUDES OPUESTAS A LAS MIAS, PARA ROMPER INCLUSO PRINCIPIOS MORALES, Y MOFARME HASTA DE MÍ; QUE EL PERMISO DE VIVIR EN OTRO PERSONAJE,  CONOCERLO, DARLE UN ALMA, UN CUERPO, Y UNA VOZ…MONOCORDE, O CON MATICES, DE FORMAS REGORDETAS O ESBELTAS, DE ANDAR PESADO, E INCLUSO LIVIANO; DE CABELLO EXHUBERANTE, ESCASO, O POR AHÍ, NULO.

¿CUAL, EL LÍMITE? CUANDO ENCONTRAMOS EL PODER DE MANIPULAR EMOCIONES Y SENTIMIENTOS TAN INTERNOS, ORGÁNICOS, HUMANOS; DERRETIMOS LA INFORMACIÓN PARA DARLE FORMA EN ESCENA.”







CREADO: el 19/MAR/2011





Julia Grecia Monge

domingo, 6 de marzo de 2011

CONFESIONES II: EL DÍA EN QUE ME HICIERON SENTIR MUJER

El título de este escrito puede sonar al de alguna canción del salsero Frankie Ruiz, pero deben creer en mí, no parto desde ese punto.

En estos últimos días he estado en la búsqueda de material que pueda nutrir mi labor dramaturgista respecto a un texto en especial. Se trata pues de una historia en la que intento entrelazar el perfil multicolor de una mujer, y así me entrampé en la interrogante ¿Qué define a una? Y es que las hay con o sin hijos, casadas, solteras, liberales, amas de casa, profesionales, amantes, de carácter débil o fuerte, hijas, amigas, reprimidas, conservadoras, revolucionarias, sexuales, racionales, prácticas, etcétera...

Habiendo tal variedad parece absurdo que una niña como yo pretenda sintetizarlas en un único cuerpo, pero el que ha conocido a alguna a profundidad se percatará de la diversidad de matices que se obtienen al observarla. Además, aquel que convive con el grandioso mundo del teatro no me negará la posibilidad viendo lo infinito de la magia de su arte, y añadiendo de seguro que sin material vivencial es poco probable, funcione.

Considerando mis experiencias personales no vi trava en empezar, el amigo que me dirige me alienta asegurando que poseo recursos. Mi problema empieza más bien en ¿cómo expresarlos sin que sean tan míos en un monólogo?

Ser actriz, escritora y mujer al mismo tiempo puede ayudar en el proceso de creación del texto, pero temía ser subjetiva en demasía y magnificar porque sí a la figura femenina.

Me decidí a iniciar un proceso personal en el que intente recuperar la esencia más absurda que se encuentre en mí para trabajarla como materia prima del personaje. Quería algo más crítico, visto desde afuera del cuadro pero descrito con ojos de mujer.

Decidí leer algunos estudios que sugerían el análisis de la sociedad en general para ampliar el panorama, y así recordé a Alvin Toffler con “La Nueva Ola, pero por extraña razón en este caso lo saludé en la puerta, ésta última palabra me había de traer a la mente la comparación de una ola con los procesos de una mujer (creo que algo así leí antes, si bien recuerdo en Los hombres son de Marte,… ) la mujer y sus oleajes, pensé, como procesos de su constitución.

En fin,  mi búsqueda ya lleva tardes de encierro, y ésta parece la carta de un reo hacia el mundo exterior.

Sin embargo en estos días he encontrado algunas imágenes y figuras literarias que por separado me ayudan mucho, pero que juntas parecen polos opuestos de un mismo imán.

Todavía persisto en hilarlas con ayuda de mi sensibilidad femenina que se halla en convenio con mi lado de actriz,  generando un sistema de ensayo-error que será depurado y pulido posteriormente por la impositiva dramaturga que me habita, para finalmente ser manufacturada por mi querido director escénico.

Si existe un momento en que me siento más mujer es este, en el que veo impedido salir de mí para la observación objetiva.

Habiendo hecho todo lo que me he permitido en los años que tengo siempre he repetido cuánto no me arrepiento de vivir y decidir cada cosa que hago, pero al mismo tiempo noto que nunca he sido sólo yo; que la esencia de nacer mujer no basta para forjar su estructura, que ésta se moldea como las olas del mar en los peñascos que la sociedad ofrece, y que depende de su energía interior dirigirla hacia uno u otro destino, para que al caer reviva.


A propósito de la reflexión, cito a los lectores a compartir la suya en el blog respondiendo desde sus experiencias personales:

¿Qué creen que caracteriza a la mujer en la historia de su evolución en la sociedad occidental?


ARCHIVO DE LA AUTORA//CREADO: el 27/FEB/2011



Julia Grecia Monge

domingo, 20 de febrero de 2011

CONFESIONES I: NARRACIÓN VANA SOBRE UN TRÍO

Esta vez me esbozaré poco más carnal para narrar de alguna manera el día en que un trío se me propuso en frente. Esta historia está cargada de algunos nombres… así que atentos todos.

Érase un 14 de febrero (día de los enamorados diría alguno, aunque para mí festejarlo resulta un insulto a mi inteligencia, un quiebre frente  a la posición que tengo ante un sistema tan mercantilista como el nuestro). En fin, ese día tenía planes: por la mañana clases de dramaturgia, almorzar sola o con mi maestro, visita a la casa museo y revisión de libros de Mariátegui, y ahí aprovechar en escribir una crítica teatral sobre la nueva obra de Adrianzen “Sangre como flores” (en la que el autor hace referencia la vida de Lorca), trabajo que debía entregar en mi curso de la noche.

En pocas palabras tendría una tarde romántica en la biblioteca, programada entre dos notables personajes como Don Juan Croniqueur y el joven Gracía L., que reemplazarían la clásica estrategia de hablarme al oído, por la húmeda sensación que por los ojos debía yo captar en sus escritos.

Fue un sórdido y salpicante trío cargado de las múltiples comas criminales que hallé en la editorial Amauta de “Escritos juveniles” (1991), aquellos que compilan en parte las crónicas teatrales firmadas por Croniqueur y sus hermanos Jack, J. C., El joven H, Sigifrido, X y Z… esos que en su conjunto representan los seudónimos empleados en la “Edad de piedra” de Mariátegui, como él mismo titularía a su etapa inicial; aquella que lo muestra poeta y afrancesado, literato con agudeza crítica todavía cruda de la ideología socialista fuertemente marcada que mostrarían posteriormente sus tan conocidos ensayos.

Por otro lado, Lorca se alejaba de mí por momentos para refugiarse tibio en mi bolso hasta que el hermano mayor de Sigifrido y yo terminásemos.

Con él en cambio la cosa fue fácil, aunque no tanto al principio. Lo conocía un poco más y sabía cómo abordarlo. Me causó extrañez que siendo yo mujer se dejara al menos rozar por mi tinta, logrando acariciarlo con letras regulares. Pero al intentar desnudarlo en el papel procuré que entendiera que no lo hacía esperando a un hombre para criticar, sino que quería sin el menor pudor  descubrir a un ser humano delicioso…
Sabía que se resistiría a introducirse en mí, en esos pensamientos que deseaban con ansia resolver sus enigmas a través de su poesía y dramaturgia. Debí actuar rápido para no perderlo en el ruedo. Croniqueur   me ayudó recordándome con las cartas escritas a su Ruth, que todos tenemos un lado individualista y de escasa humildad; me insinuaba con ello que podíamos empezar por la cumbre de su teatro. De inmediato, se me vino a la mente Bernarda Alba…

Creo que fue demasiado. Se me puso muy sensible y estuvo a punto de cerrar el libro tras de sí; pero resultó que en cambio decidió soltar la lengua y recordar a esa sociedad modosa, castrante e hipócrita que el personaje de Bernarda le representa, aquella que lo condenaba por amar como él lo hacía.

Luego de reiterar mi admiración por sus escritos noté que un ligero dolor de estómago me detenía diciendo que necesitaba combustible. Efectivamente, no había almorzado. Mi clase de dramaturgia se había extendido hasta la 1pm. , momento en que aproveché recién en desayunar, acompañada por mi maestro. Y ahora eran ya las 6pm. , en cincuenta minutos empezaría mi clase de crítica literaria con Sara Joffré, y aún me encontraba entretenida con los escritos de tan notables y jóvenes caballeros como don García y Croniqueur.






 ESCRITA: el 15/FEB/2011


Julia Grecia Monge


martes, 8 de febrero de 2011

Como dice la canción: ¡A QUIÉN LE IMPORTA!

Es mentira que los medios de comunicación masivos son una telenovela responsable de vendernos emociones. Su carácter mediático y sensacionalista producto de intereses monopolizadores es el resultado del cultivo de espectadores pasivos.

Escuchaba a Mónica Delta hace unos días comentar en Radio capital (96.7) respecto a la responsabilidad de la prensa frente a las próximas elecciones presidenciales. Reconocía que lo que hacen los medios es difundir lo más pintoresco e impactante, y se excusaba diciendo: “pero es que el tiempo nos queda corto. Si nos bastara para ahondar en la investigación...”.
¡Ahora son los pobrecitos!
Radio capital es de mi agrado, e incluso podría decir a criterio personal, que es una de las mejores emisoras radiales de la FM, pues comparte su espacio con la opinión de la ciudadanía generando debate y no sólo polémica. Sin embargo en esta ocasión, el comentario de la señora Delta me pareció descabellado. Y es que basta analizar cualquier noticiero para sacar porcentajes.

El grado de competitividad de la prensa no depende, como lo diría la periodista, del escaso tiempo, sino de su ética, compromiso social y profesionalismo.

Relacionándolo con un trabajo dramatúrgico; materia del presente blog; hace unos días terminé de escribir un texto que aludía el tema.

A grandes rasgos, la historia narra la problemática suscitada en un pueblo andino peruano, producto de la creciente actividad minera.

En este trabajo quise ver reflejado el paralelo de dos sociedades: la rural y la urbana. La primera simbolizada en una madre que, como muchos otros actores anónimos, gestan nuestro país, lo viven y aman desde sus entrañas. El segundo, no con afan de generalizar sino de hacer escarnio de ciertas posiciones; sumido en la era de la globalización mercantilista al punto de ser ajenos al acontecer nacional más trascendente.

En la vida real como en la historia que narro, ocurre que la población de sectores alejados a la capital  desconoce los derechos que la ampara… y tampoco es que en Lima todos estén tan informados, pero tienen más herramientas para estarlo. Es cuestión de clasificar, pero ese es otro asunto.

Todos bendecimos no tener necesidad de caminar kilómetros para entregar una misiva- yo, sobre todo en verano- basta con hacer algunos clic. Pero olvidamos discutir la utilidad de la tecnología, o aun de su contenido convirtiéndolo cotidianamente en un recurso de entretenimiento.

-         ¡A quién le importa!
-         Pues debería ser que a todos.

En algunos viajes al interior del país he recogido comentarios de compatriotas no plenamente convencidos de dar sus tierras –que son herencia ancestral- para ser devastadas y consumidas en nombre del desarrollo económico del país; como lo han visto según me cuentan, no muy lejos de sus pueblos.

Infinidad de veces me he preguntado si en verdad vale la pena tanto oro a cambio de un supuesto porcentaje de “contaminación controlada” de: aguas ácidas, gases de estrato en el aire, cráteres en tierras luego infértiles,  anhídrido sulfuroso, hidrógeno sulfurado, etcétera;  que admite el EIA (Estudio de Impacto Ambiental).

Nuevamente
-         ¿A QUIÉ LE IMPORTA?
-         PUES DEBIERA SER QUE A TODOS.




                                                             Julia Grecia Monge


CREADO: el 07/feb/2011