Algunos podrán juzgar la estrategia que he empleado últimamente para llamar la atención de lectores talvez menos interesado directamente con la dramaturgia o el teatro, pero qué le vamos a hacer, al parecer estuve aprendiendo algo gracias a la prensa amarillista.
Y hablando de amigos, hace poco uno me hizo una pregunta que me dejó pensando en cuan demostrativa puedo ser o no. Estuvimos hablando de su dedicación a la poesía, y preguntó si había yo escrito algo de ello. Luego de tanta presión terminé aceptando el vínculo con el asunto, aunque este fuese para mí sólo una exploración puberal. Me pidió le permita revisar alguno, a lo mejor el más agradable a mi gusto, pero me rehusé. Y entonces vino la pregunta
¿O sientes pudor?
Fue en ese momento, mientras respondía que no, cuando una vocecita arremetió contra mí, para andar creciendo poco a poco en mis momentos de escritura.
Pudor.- (Del Latín pudor, - oirs) Honestidad, modestia, recato.
El diccionario de
la RAE lo define así en su vigésima segunda edición, pero yo prefiero la acepción de 1791, la cual define este concepto como
vergüenza honesta. Me suena más
poético.Ocurre que antes eran eso las palabras, arte expresiva, decodificación de emociones y sentimientos entre seres humanos, y no un elemento dividido por sectores socioeconómicos o educativos precisamente, lleno de creadores contemporáneos sin el menor respeto al lenguaje. Pero este tema tan complejo lo desarrollaré en la próxima CONFESIÓN: la importancia del buen manejo del sistema de comunicación verbal para el dramaturgo, y por qué no de todo quien se manifieste en idioma castellano.
Regresando al meollo de esta confesión, cuando presentí efectivamente mi vergüenza honesta ante los versos escritos durante mi época de colegio, me asaltó la interrogante de qué tanto lo soy con mi trabajo actual.
Un actor enfrenta continuamente al público, y aunque éste no siempre se disponga a juzgarlo, el artista debe dar lo mejor de sí. La metacognición viene luego de los aplausos.
Queramos o no, todos los que hemos pisado un escenario nos hemos preguntado en algún momento si no nos faltó más entrenamiento actoral, más ensayos, concentración,… o si realmente servimos para ello.
Cuando he tenido oportunidad de representar monólogos de mi autoría me he sentido más expuesta a cuando he debido trabajar personajes de otros autores. Creo, el límite se halla al notar mi desnudez como dramaturga y actriz, es decir, mi vergüenza honesta radica en la preocupación de causar doble efecto en el receptor.
Cito el asunto de los monólogos por ser trabajos de procesos individuales y altamente subjetivos dentro de la literatura, al igual que la poesía. Sin embargo no excluyo otras actividades.
Por ejemplo, solía sucederme cuando recién me atrevía a escribir teatro y terminaba una obra o algún ejercicio. Me decía cosas como:
Falta pulir/ es sólo un ejercicio/, es sólo un bosquejo/ un borrador…y lo mismo si se lo enseñaba a alguien.
Pudor... si pues, todos tenemos un poco. A veces creo que ese poco también se logra confundir con la escasa confianza en la efectividad o nivel de nuestro trabajo.
Hoy, aun contando escasos años desde que me decidí a escribir de manera aficionada y autodidacta al principio, me doy cuenta de mi curioso afán por ser leída. Siento mi vergüenza honesta de dramaturga impúdica, pero no así la de la actriz difusora. Percibo a esta última algo floja.
La confianza en el artista se consigue con la práctica del conocimiento, con el ejercicio diario; y para ello debemos ser minuciosos, humildes y sinceros al momento de la reflexión personal. En el proceso puede ya no importar el error, sino las ansias por la crítica del otro para el afinamiento.
Me pregunté entonces si para hacer poesía sólo bastaba con sensibilidad y espontaneidad como habría de decirme este amigo al intentar persuadirme de mostrarle mis pasajeros versos. Y la respuesta fue obvia: no, definitivamente no basta. Simplemente porque toda arte es composición y deviene de un proceso de maduración del escribiente. Mi querido maestro Ráez habría acuñado además que la poesía para la mayoría de jóvenes es como un orgasmo, un mero placer fugas. Para ser poeta hay que aprender a convivir con el oficio, como en toda pasión compleja.
Respeto mucho la buena poesía, y la que no también porque sencillamente pueda que esté en buen camino, al fin y al cabo el concepto personal de estética parece ser tan relativo…
Todos tenemos la oportunidad de valernos de las distintas artes para liberar una suerte de sensaciones, pero eso NO nos hace artistas. Talvez por ello considere esos versos míos muy ligeros, y los guarde mas bien como un disfrute personal, total los orgasmos no necesariamente deben ser compartidos con todo el mundo.
A propósito de mi lado subjetivo, los dejo con un pedacito de lo escrito hace varios meses en un trance de espontaneidad, lo encontré en un archivo minutos antes de animarme a escribir esta entrada:
“NO ENCUENTRO MOTIVACION MÁS SALUDABLE Y SATISFACTORIA AL MISMO TIEMPO PARA EXPLORAR OTROS CAMPOS, PERMITIRME ACTITUDES OPUESTAS A LAS MIAS, PARA ROMPER INCLUSO PRINCIPIOS MORALES, Y MOFARME HASTA DE MÍ; QUE EL PERMISO DE VIVIR EN OTRO PERSONAJE, CONOCERLO, DARLE UN ALMA, UN CUERPO, Y UNA VOZ…MONOCORDE, O CON MATICES, DE FORMAS REGORDETAS O ESBELTAS, DE ANDAR PESADO, E INCLUSO LIVIANO; DE CABELLO EXHUBERANTE, ESCASO, O POR AHÍ, NULO.
¿CUAL, EL LÍMITE? CUANDO ENCONTRAMOS EL PODER DE MANIPULAR EMOCIONES Y SENTIMIENTOS TAN INTERNOS, ORGÁNICOS, HUMANOS; DERRETIMOS LA INFORMACIÓN PARA DARLE FORMA EN ESCENA.”
CREADO: el 19/MAR/2011
Julia Grecia Monge