domingo, 20 de febrero de 2011

CONFESIONES I: NARRACIÓN VANA SOBRE UN TRÍO

Esta vez me esbozaré poco más carnal para narrar de alguna manera el día en que un trío se me propuso en frente. Esta historia está cargada de algunos nombres… así que atentos todos.

Érase un 14 de febrero (día de los enamorados diría alguno, aunque para mí festejarlo resulta un insulto a mi inteligencia, un quiebre frente  a la posición que tengo ante un sistema tan mercantilista como el nuestro). En fin, ese día tenía planes: por la mañana clases de dramaturgia, almorzar sola o con mi maestro, visita a la casa museo y revisión de libros de Mariátegui, y ahí aprovechar en escribir una crítica teatral sobre la nueva obra de Adrianzen “Sangre como flores” (en la que el autor hace referencia la vida de Lorca), trabajo que debía entregar en mi curso de la noche.

En pocas palabras tendría una tarde romántica en la biblioteca, programada entre dos notables personajes como Don Juan Croniqueur y el joven Gracía L., que reemplazarían la clásica estrategia de hablarme al oído, por la húmeda sensación que por los ojos debía yo captar en sus escritos.

Fue un sórdido y salpicante trío cargado de las múltiples comas criminales que hallé en la editorial Amauta de “Escritos juveniles” (1991), aquellos que compilan en parte las crónicas teatrales firmadas por Croniqueur y sus hermanos Jack, J. C., El joven H, Sigifrido, X y Z… esos que en su conjunto representan los seudónimos empleados en la “Edad de piedra” de Mariátegui, como él mismo titularía a su etapa inicial; aquella que lo muestra poeta y afrancesado, literato con agudeza crítica todavía cruda de la ideología socialista fuertemente marcada que mostrarían posteriormente sus tan conocidos ensayos.

Por otro lado, Lorca se alejaba de mí por momentos para refugiarse tibio en mi bolso hasta que el hermano mayor de Sigifrido y yo terminásemos.

Con él en cambio la cosa fue fácil, aunque no tanto al principio. Lo conocía un poco más y sabía cómo abordarlo. Me causó extrañez que siendo yo mujer se dejara al menos rozar por mi tinta, logrando acariciarlo con letras regulares. Pero al intentar desnudarlo en el papel procuré que entendiera que no lo hacía esperando a un hombre para criticar, sino que quería sin el menor pudor  descubrir a un ser humano delicioso…
Sabía que se resistiría a introducirse en mí, en esos pensamientos que deseaban con ansia resolver sus enigmas a través de su poesía y dramaturgia. Debí actuar rápido para no perderlo en el ruedo. Croniqueur   me ayudó recordándome con las cartas escritas a su Ruth, que todos tenemos un lado individualista y de escasa humildad; me insinuaba con ello que podíamos empezar por la cumbre de su teatro. De inmediato, se me vino a la mente Bernarda Alba…

Creo que fue demasiado. Se me puso muy sensible y estuvo a punto de cerrar el libro tras de sí; pero resultó que en cambio decidió soltar la lengua y recordar a esa sociedad modosa, castrante e hipócrita que el personaje de Bernarda le representa, aquella que lo condenaba por amar como él lo hacía.

Luego de reiterar mi admiración por sus escritos noté que un ligero dolor de estómago me detenía diciendo que necesitaba combustible. Efectivamente, no había almorzado. Mi clase de dramaturgia se había extendido hasta la 1pm. , momento en que aproveché recién en desayunar, acompañada por mi maestro. Y ahora eran ya las 6pm. , en cincuenta minutos empezaría mi clase de crítica literaria con Sara Joffré, y aún me encontraba entretenida con los escritos de tan notables y jóvenes caballeros como don García y Croniqueur.






 ESCRITA: el 15/FEB/2011


Julia Grecia Monge


martes, 8 de febrero de 2011

Como dice la canción: ¡A QUIÉN LE IMPORTA!

Es mentira que los medios de comunicación masivos son una telenovela responsable de vendernos emociones. Su carácter mediático y sensacionalista producto de intereses monopolizadores es el resultado del cultivo de espectadores pasivos.

Escuchaba a Mónica Delta hace unos días comentar en Radio capital (96.7) respecto a la responsabilidad de la prensa frente a las próximas elecciones presidenciales. Reconocía que lo que hacen los medios es difundir lo más pintoresco e impactante, y se excusaba diciendo: “pero es que el tiempo nos queda corto. Si nos bastara para ahondar en la investigación...”.
¡Ahora son los pobrecitos!
Radio capital es de mi agrado, e incluso podría decir a criterio personal, que es una de las mejores emisoras radiales de la FM, pues comparte su espacio con la opinión de la ciudadanía generando debate y no sólo polémica. Sin embargo en esta ocasión, el comentario de la señora Delta me pareció descabellado. Y es que basta analizar cualquier noticiero para sacar porcentajes.

El grado de competitividad de la prensa no depende, como lo diría la periodista, del escaso tiempo, sino de su ética, compromiso social y profesionalismo.

Relacionándolo con un trabajo dramatúrgico; materia del presente blog; hace unos días terminé de escribir un texto que aludía el tema.

A grandes rasgos, la historia narra la problemática suscitada en un pueblo andino peruano, producto de la creciente actividad minera.

En este trabajo quise ver reflejado el paralelo de dos sociedades: la rural y la urbana. La primera simbolizada en una madre que, como muchos otros actores anónimos, gestan nuestro país, lo viven y aman desde sus entrañas. El segundo, no con afan de generalizar sino de hacer escarnio de ciertas posiciones; sumido en la era de la globalización mercantilista al punto de ser ajenos al acontecer nacional más trascendente.

En la vida real como en la historia que narro, ocurre que la población de sectores alejados a la capital  desconoce los derechos que la ampara… y tampoco es que en Lima todos estén tan informados, pero tienen más herramientas para estarlo. Es cuestión de clasificar, pero ese es otro asunto.

Todos bendecimos no tener necesidad de caminar kilómetros para entregar una misiva- yo, sobre todo en verano- basta con hacer algunos clic. Pero olvidamos discutir la utilidad de la tecnología, o aun de su contenido convirtiéndolo cotidianamente en un recurso de entretenimiento.

-         ¡A quién le importa!
-         Pues debería ser que a todos.

En algunos viajes al interior del país he recogido comentarios de compatriotas no plenamente convencidos de dar sus tierras –que son herencia ancestral- para ser devastadas y consumidas en nombre del desarrollo económico del país; como lo han visto según me cuentan, no muy lejos de sus pueblos.

Infinidad de veces me he preguntado si en verdad vale la pena tanto oro a cambio de un supuesto porcentaje de “contaminación controlada” de: aguas ácidas, gases de estrato en el aire, cráteres en tierras luego infértiles,  anhídrido sulfuroso, hidrógeno sulfurado, etcétera;  que admite el EIA (Estudio de Impacto Ambiental).

Nuevamente
-         ¿A QUIÉ LE IMPORTA?
-         PUES DEBIERA SER QUE A TODOS.




                                                             Julia Grecia Monge


CREADO: el 07/feb/2011