Escuchaba a Mónica Delta hace unos días comentar en Radio capital (96.7) respecto a la responsabilidad de la prensa frente a las próximas elecciones presidenciales. Reconocía que lo que hacen los medios es difundir lo más pintoresco e impactante, y se excusaba diciendo: “pero es que el tiempo nos queda corto. Si nos bastara para ahondar en la investigación...”.
¡Ahora son los pobrecitos!
Radio capital es de mi agrado, e incluso podría decir a criterio personal, que es una de las mejores emisoras radiales de
El grado de competitividad de la prensa no depende, como lo diría la periodista, del escaso tiempo, sino de su ética, compromiso social y profesionalismo.
Relacionándolo con un trabajo dramatúrgico; materia del presente blog; hace unos días terminé de escribir un texto que aludía el tema.
A grandes rasgos, la historia narra la problemática suscitada en un pueblo andino peruano, producto de la creciente actividad minera.
En este trabajo quise ver reflejado el paralelo de dos sociedades: la rural y la urbana. La primera simbolizada en una madre que, como muchos otros actores anónimos, gestan nuestro país, lo viven y aman desde sus entrañas. El segundo, no con afan de generalizar sino de hacer escarnio de ciertas posiciones; sumido en la era de la globalización mercantilista al punto de ser ajenos al acontecer nacional más trascendente.
En la vida real como en la historia que narro, ocurre que la población de sectores alejados a la capital desconoce los derechos que la ampara… y tampoco es que en Lima todos estén tan informados, pero tienen más herramientas para estarlo. Es cuestión de clasificar, pero ese es otro asunto.
Todos bendecimos no tener necesidad de caminar kilómetros para entregar una misiva- yo, sobre todo en verano- basta con hacer algunos clic. Pero olvidamos discutir la utilidad de la tecnología, o aun de su contenido convirtiéndolo cotidianamente en un recurso de entretenimiento.
- ¡A quién le importa!
- Pues debería ser que a todos.
En algunos viajes al interior del país he recogido comentarios de compatriotas no plenamente convencidos de dar sus tierras –que son herencia ancestral- para ser devastadas y consumidas en nombre del desarrollo económico del país; como lo han visto según me cuentan, no muy lejos de sus pueblos.
Infinidad de veces me he preguntado si en verdad vale la pena tanto oro a cambio de un supuesto porcentaje de “contaminación controlada” de: aguas ácidas, gases de estrato en el aire, cráteres en tierras luego infértiles, anhídrido sulfuroso, hidrógeno sulfurado, etcétera; que admite el EIA (Estudio de Impacto Ambiental).
Nuevamente
- ¿A QUIÉ LE IMPORTA?
- PUES DEBIERA SER QUE A TODOS.
Julia Grecia Monge
CREADO: el 07/feb/2011
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